Deberíamos madurar pero, con el arte que tenemos, seguro que nos lastimamos al caernos del árbol.
Podríamos vagar juntos, sin embargo, preferimos cogernos la entrepierna en vez de agarrarnos de las manos.
Quisimos ser transparentes para todos, no obstante, las masas nos volvieron invisibles.
De ser piedras, nos daríamos cuenta de que es el hilo invisible el que hace tropezar… y nadie corta por lo sano.