El cielo debe esperar. Tenemos los pies en el suelo y la mirada puesta en el horizonte.

Las nubes llorarán mares de lágrimas; desangramos la tierra gota a gota.

Los tiempos han de cambiar de espacio, ¿cuánta relatividad puede caber en el pliegue del infinito?

Las pieles serán de plástico y el viento dejará las palabras en su sitio para erosionar el sentido común.

Las lunas tendrán que buscarse una cara conocida, los astros estarán obligados a iluminar el anonimato.

Los pasos dejarán de mover el mundo para seguir la agujas del reloj. Siempre llegaremos antes, pero nunca más allá.

Las revoluciones deberán ser de sitios cerrados porque mientras bailábamos la borrachera de la libertad, los destileros de la música, nos habrán quitado todos los espacios abiertos.

La muerte no tiene prisa… viendo las vidas que teníamos por delante, nos robaron la que teníamos.