A veces confundo la vida con un bar… pido una sonrisa y me voy sin pagar.
Cada paso me lleva a rendirme ante tu cuenta, por eso soy tu número rojo, y tú el IVA que me atormenta.
Si salgo corriendo me alcanzan tus intereses, así que camino despacio, para que me arruines si te apetece.
Mi cartera está vacía de billetes, pero llena de tus kilómetros de vuelo. Las monedas… son para el metro y para sobornar al barquero.
Tengo los labios secos debido al beso que te robé bajo una lluvia de despedida. Sangro en silencio porque me diste lengua y teñiste la esperanza del color de tu saliva.
Me asusto cuando tus silencios aparecen de golpe, temo mis palabras fuera de tu idioma y mis actos encerrados en tu olvido por ser un torpe.
Soy una diana oscura y errante esperando una bala de luz.
Y la única con puntería… eres tú.