Te fotografié de todas las maneras posibles. Conmigo, a solas, entre sábanas, vestida con mis versos, desnuda y en flor. El mejor ángulo… tu olor.

Me llevaste a muchos sitios. A las sombras, a todas tus luces, a calles sin nombre, a ciudades sin censo, a la encrucijada de tu vida. Mi punto de partida… tu callejón sin salida.

Me tocaste de muchas maneras. Dentro y fuera, con amor y sin querer, desde las manos hasta el alma, porque sí y porque otras no, entre la espada de la distancia y la pared de tu beso. Me diste libertad… Me hiciste preso.

Te hice promesas con el corazón roto. Borracho y enojado, desnudo y en barbecho, en pie de guerra buscando paz, sin estandarte pero con fidelidad, desde la retaguardia y sin refuerzos. Me batí en duelo… Murió la bala.

Nos convertimos en arte sin que nadie lo supiera, lo vimos todo sin que nadie nos viera, éramos el mar y nos tiramos piedras, nos hicimos enteros y nos quedamos a medias.

Dejamos de contar ovejas…

Ninguna era negra.