Nos quisimos en silencio, por eso la distancia hace tantísimo ruido. Aterrizamos por encima de nuestros miedos, ahora sabemos que hay caída más allá de la realidad… y del suelo también. Éramos personas de la misma edad, sin embargo, nos separaban años de indiferencia. Hasta que todo nos dio igual. Nos inventamos un calendario donde tachábamos las noches, ya que los días eran todos nuestros. Nos volvimos adictos a las vueltas que daban nuestros mundos cuando hallamos nuestras tierras firmes. Compartimos un coto en el cual la mejor manera de cazar, era cayendo en la trampa. Resistimos el embiste de los cuatro vientos y nos tumbó un beso porque el aire arrastra, no obstante los labios tienen más peso.

Nos encontramos como dos árboles caídos, y cuando llegó el fuego, nos pusimos en pie.