Esperar la guagua en mitad de la carretera porque así, la vida, viene a atropellarnos antes.

Beber café a sorbitos para no quemarnos la lengua con su dulzura y rozar la profecía con los labios para que no se enfríe el poso.

Ir de puntillas sobre la arena y construir un castillo movedizo, escribir un nombre y borrar el mar.

Ser los afortunados en el juego del amor, los pacificadores en la guerra de sexo(s), la bandera blanca para los amantes combativos.

Escribir cartas con destino, pero sin destinatario.

Pegar sellos con saliva franqueada y perfumar el papel con nuestros nombres.

Besar versos porque vomitarlos está más visto que encontrarnos con los ojos cerrados, orientarnos sobre nuestras líneas ya que entre ellas, más que encontrarnos… nos perdieron todos.