Querernos sin puntos sobre las íes porque entre tú y yo todo son comas suspensivos. Fugarnos de las academias de lenguas reales y encontrar en nuestros labios credo, ley e institución. Fundirnos en el mismo nivel del mar para ser víctimas del bien de alturas y caer en el infinito que separa el horizonte del cielo. Desperdigarnos como elementos que rompen la tabla periódica, ser arquitectos de nuestras propias tormentas, predecirnos el tiempo y partir el rayo. Callarnos en la nube donde pusimos nuestros gritos para despejar las nieblas que silencian los susurros arraigados en los jardines de abril. Vivirnos los primeros y reírnos en la lista de espera.

Ya vendrá la muerte a llorar por nosotros, pero está en último lugar.