El reloj dejó de hacer daño cuando aprendimos a cosernos las heridas con sus agujas y dejamos de comportarnos como capullos para volar más salvajes y libres que las mariposas.

Nos limpiamos la mierda y matamos la mosca, estamos en paz y plantamos flores.

Ahora somos más listos que las musas y escribimos acompañados, miramos el sol de cara sin ocultarle la nuestra a la luna, nos encontramos de espalda y nos ganamos de vista.

Quemamos las cartas escritas al azar porque, divorciarnos de la suerte, nos hizo ganar todas las partidas.