Nos perdimos de vista, sin embargo, nos conservamos en los demás sentidos.

Somos abstractos, pero palpables.

Somos la luna y su escalera.

Somos sangre con su primavera.

Nos bebimos mares de lágrimas y nos fuimos de fiesta con la señorita Tristeza. Alegría nos encharcó los pulmones; los poetas hablaron por nosotros.

Los gatos se cruzaron en nuestros caminos, pero ninguno era negro, así que no vimos los pardos cuando nos vestimos de blanco.

Zarpamos en un velero para cruzar un océano de nubes, sin embargo, no le pusimos nombre y ahora es un pegio a los pies de un arco iris de cemento.

Rebautizamos las escalas de colores. Todas nuestras intenciones eran puras y nuestras caricias eran las primarias.

Alteramos el orden de todos los factores porque nunca volvimos a ser el mismo producto.

Lo nuestro no tiene precio ya que no venimos en serie. Lo nuestro no tiene nombre porque tenemos un diccionario propio y sobran las palabras.

Nos tuvimos entre ceja y ceja, pero la distancia desvía las balas.

Nos dimos en el corazón… y no en la cabeza.