Estoy mucho más ciego desde que no quisiste verme. Muchísimo más despierto desde que no nos tomamos aquél café juntos. Pero eso es porque, desde entonces, me cuesta dormir.

Tengo arritmia en las pestañas y me parpadea el corazón. Siento alas en los tobillos y un ancla en la espalda. Beso tus palabras con mis labios cosidos, llevo tu nombre escrito en la mirada que no ve.

Jugarme la vida por ti no me hizo sentirme menos cobarde porque me salvaste tú, y después… te perdí en siete reencarnaciones seguidas.

Ahora adoctrinas mi infierno porque, desde que tengo fe en ti… los dioses no valen su credo.