Tantas palabras a vuestro alcance para describir una cosa… y siempre usáis la misma. No hay día que no la vea, no hay editor que no la lea, parece que todas las plumas dan las mismas alas. No sé si es por pereza, por prisa o por llamar la atención. Abusar de ella no es pecado, pero es revelar un secreto que se espera con los ojos cerrados. Plasmarla en papel no os convierte en ignorantes, sin embargo, los poetas, han de ser más elegantes. Sois los embajadores de transformar lo cotidiano en arte, y no de vulgarizar los secretos entre líneas. No es lo mismo escribir palabras que entiende todo el mundo que expresarse como lo haría cualquiera. Los consumidores de poesía quieren que los llevéis a Bohemia, pero demasiadas veces los lleváis a la esquina del bombillo rojo.
Las musas lloran; no vienen a veros para eso. Las rimas chirrían; están repetidas. La creatividad se resiente; parece que no le dais importancia.
En cambio, los andamios, sonríen porque sus ecos están en vuestras libretas. Surco los cielos de la poesía buscando esa nube negra. Y si la veo… no leo.
Tenéis o tendréis hijos de carne y también de papel. No confundais herencia con legado. Preocuparos por dar menos golpes y más ejemplo.

P.D. Que os follen, “poetas”.