Nos acercamos el uno al otro con pasos que nos alejan de nosotros mismos.

Confundimos el “aquí te pillo” con el “aquí te mato” y se murieron las ganas.

Bailamos al son de las sirenas y nos hundimos en su mar de lágrimas.

Silbamos el himno de la alegría, pero cuando quisimos reír, la felicidad se había quedado ronca.

Intercambiamos fantasmas, y cuando nos quedamos sin ellos, nos mató el susto.

Desafiamos el tiempo pensando que nuestros rivales eran las agujas del reloj, sin embargo, fueron los elementos los que nos evaporaron con su química.

Nos inventamos un abecedario nuevo a base de sumas y restas. Por eso las tildes son comas y… no hay quien despierte.

Pensamos que “Happy Hour” significaba vernos dos veces durante la misma noche, pero pedimos demasiado y nos emborrachó la desilusión.

Quedamos en vernos mañana, no obstante, los ojos… nos traicionaron ayer.