Ya no soy un niño, sin embargo, lloro cada vez que pierdo en el amor. Y no lo entiendo porque no es un juego. Todas las noches juego al Black Jack… y es curioso ya que ahí no arriesgo nada, pero siempre gano. Aun así no llego a fin de mes. No sé si elijo mal el lado de la mesa o del corazón.
La ciudad más segura del mundo es un peligro debido a que me siento desprotegido sin tu cobijo. Me drogo a los pies de la historia y salgo limpio e impune, me pillan orinando entre contenedores y me voy de rositas, me salto todas las leyes menos las de la gravedad. De ahí que mi peor delito fue no caer en tus labios para robarte un beso.
Intento llegar al fondo del asunto, no obstante, siempre termino viendo el culo de (otra.) una botella que acoge una última copa.
Cuando siento tu frío, me desnudo porque aquí… nunca es invierno.
No me importa que vayas a ser una astilla, ya me he llevado todos los palos que reparte la baraja. Los tréboles no traen tanta suerte, los diamantes pocas veces brillan, las picas me han dejado sin palabras y no todos los corazones bombean vida.
Si quieres verme la cara, juguemos al póquer.
Y si quieres dejar(me) marca… haz trampa.