Por mucho alcohol que bebas, nunca la verás doble, ni dos veces igual. Es única en todo lo que hace y cada una de sus apariciones es irrepetible. Su corazón no está vacío, solo que nadie se atreve a palpitar con ella. Escúchala latir hasta el final y sabrás cómo se escriben los principios. Ve a encontrarte con ella cuando los veranos se tiñen del color de la vida, bésala cuando el invierno parece una muerte segura y veas que hay más hielo en sus labios que en tus senderos. Dale inmunidad para sentir lo que le dé la gana y decir aquello que te da miedo oír. No tienes por qué ser un hombre hecho y derecho, pero sí quererla con mucha mano izquierda y de verdad. No busques justicia en sus caricias ni perdón en su mirada. Se justo sin más, encuentra una causa en sus ojos. Mírala como nadie sabe mirarla y escuchará lo que nunca le has dicho a nadie. Tócala cuando sea el único sueño que tengas… y serás su despertar cuando no tengas con quién dormir.