Tiene tanto vicio en la saliva como versos en su boca. Su piel me estremece, pero no me toca.

Cuando te quites de sus besos tendrás que buscar una droga alternativa, el síndrome de su abstinencia dura toda la vida.

Si deja de tocarte tienes que acostumbrarte al frío entre la cama y la pared, a las sábanas insípidas y a los vasos medio llenos muertos de sed.

Su corazón bombea tanto sangre como gasolina, puede renovar tus ganas de vivir o hacerte arder en el anhelo de la caricia jamás recibida.

Dependiendo de cómo la mires serás transparente o carne de cañón. Si la desnudas con las pupilas lascivas serás de cristal, y si lo haces con los ojos helados… te podrá quebrar.

Conoce todos los venenos, sin embargo, tiene la cura. Su efecto es inmediato. Su causa perdura.

P.D. La tuve en mis manos y me olvidé del consumo responsable.