Antes de que lean el texto me gustaría hablarles de un proyecto literario que se está llevando a cabo en @versamesinviolencia. Para no robarles mucho tiempo voy a intentar ser corto y conciso… Me desperté agregado en un grupo de WhatsApp que tenía dosmilcuatrocientoscincuentayún (me encanta escribir números) mensajes sin leer. Ya saben, escritores y sus cosas. Entre tanto talento conseguí descifrar que se trataba de sangrar tinta para concienciar sobre la violencia de género, así que me armé de rabia y… lo pagó mi libreta.


Nos echo de menos. A ti. A mí contigo. A las horas que nos atraparon en el tiempo, a los momentos que nos hicieron únicos cuando las caricias venían fabricadas en serie, a las buenas palabras que tenías para mí después de tomarte dos copas. Echo de menos la sensación de seguridad proporcionada por el manto de tu aliento en mi nuca, la libertad que me otorgaban tus brazos mientras me sujetaban con poca fuerza pero muchísimas ganas, la comprensión que irradiaba tu mirada en lo que nos desnudábamos sin entender qué hacíamos vestidos. Noto la falta de nuestras embestidas disfrazadas de eternidad mientras nos calmábamos haciendo el amor… y no lo que tú querías.
Ya no sé lo que es la ilusión cuando falta poco para volver a verte, sin embargo, voy conociendo la sensación de querer perderte de vista a medida que te vas acercando. Ahora me sobran las ocasiones en las que me haces sentir como algo cualquiera con tus inseguridades vestidas de insulto, me sobra el sabor a sangre que inunda mi boca cuando me das “mi merecido”, el olor de tu indiferencia ante mis sudores fríos inspirados por el miedo que te tengo. Porque el respeto coaguló y se pudrió tras la primera golpiza. Hablabas de forjar amor, no obstante, jamás pensé que serías martillo y yo acero candente. Nunca imaginé que el suelo de la cocina haría de yunque, ni que mis ojos serían los agujeros negros destinados a absorber la energía de todos tus golpes. No sé si el culpable está en tu interior, en la calle, en el espejo o en tu casa, pero estamos mucho más enteros dándonos la espalda y cerrando la puerta que partiéndonos la cara y (re)abriendo heridas.
Me gustaría que fueses consciente de que ningún golpe de suerte o amor podrá borrar las marcas de aquellos que nos damos (o me das). Me pregunto qué sucedió con las semillas de vida que plantamos en nuestro campo de amapolas. Porque ahora es un campo de batalla. Y las flores que brotan son de luto.


Espero que no les haya dejado indiferentes. Si quieren saber o leer más y quizás participar, les invito a visitar @VERSAMESINVIOLENCIA en Instagram.

Que las musas os acompañen.