Tuvo que llegar octubre para que el sol me dejara jugar con la transparencia de tu blusa. Usamos palabras malsonantes, y nos dimos cuenta de lo bonito que es cumplirlas… sin escribirlas. Nos jugamos la vida con el fin de vernos y nos ganamos una muerte súbita cada vez que nos perdemos de vista. Convertimos nuestro querer en un estado de sitio, sin embargo, amarnos, parece una anarquía fuera de lugar. A veces parece que estamos hechos el uno para el otro, pero lo mismo que nos damos es lo que nos robamos cuando estamos a solas. Me muero de vergüenza por pedirte un beso y me quiebro de frío porque no dormir en tu boca es vivir a la intemperie. Eres todas mis paradas, aun así, nunca sé en qué estación floreces. Respondo a tus preguntas como si fueras la hoja de una margarita… para caerme al suelo cuando no me dices nada. He notado miles de primaveras mientras mis miedos te hacían sentir valerosa. Congelaste todos los inviernos que habitaban dentro de mí cuando el verano no hacía más que darnos escalofríos. Tuve el mundo entero en mis manos… y te lo regalé porque eres la puja más alta.