¿Las mejores vacaciones de mi vida?

Ya las tuve. Me las pasé excavando una zanja de placer a base de picos y poesías en el epicentro de tus temblores.

¿El mejor beso de todos?

Me lo dan las agujas de tu reloj cada vez que nos quedamos sin tiempo para más.

¿La caricia más inolvidable?

El paso que diste hacia mí cuando nos separaba un semáforo en rojo y un paso de cebra rayado por los celos.

¿El mejor sexo que tuve?

Contarlo no sería caballeroso y no creo que tengas tan mala memoria.

¿La peor paliza que me propinaron?

Los segundos sin ti me golpean con más fuerza que los abrazos paternos jamás recibidos.

¿Los mejores orgasmos?

Los tuyos… y sobran palabras.

¿La mayor de las ilusiones?

Darme cuenta de que eres algo más que un espejismo en el desierto del vicio que he cruzado miles de veces.

¿La cuenta más cuadrada?

La deuda que tengo contigo por enseñarme tu idioma cuando solo quería probar tu lengua.

¿El desenlace más fatal?

Comimos perdices y la felicidad se nos escapó entre los dientes.

¿Un buen comienzo?

El portazo que diste con el fin de callarme y el beso que me diste después para partirme la boca.