Ponme un lazo si quieres, o envuélveme en papel de lija. También puedes meterme en una caja de sentimientos reciclados o en un sobre perfumado con quizases.
Miéntele al cartero, di que el contenido es frágil, peligroso y altamente explosivo.
Séllame con cinta adhesiva, pues querré escaparme. No todo se perpetúa con saliva.
Elige bien mi destino, escríbelo con letras claras y en un idioma universal para que pueda llegar a todo el mundo.
Invéntate un código postal sumando mis virtudes y faltas… que se las apañe el destinatario.
No tendrás que entregarme con prioridad, y sí mucha urgencia.
Si te es útil, mis lugares favoritos son la eternidad y el filo del horizonte, pero no me sé el nombre de la calle.
Puedes mandarme al infinito o a la nada si te da la gana porque, vaya dónde vaya, siempre hallo algo que se queda con todo.
Una cosa te pido: pon tus datos en el remitente. Porque si no saben abrirme… querré volver a casa.