La vida nos debe más de una sonrisa, muchos abrazos, alguna que otra venganza y… muchísimos orgasmos.

Las noches heladas están en deuda con nosotros porque mientras ellas dormían en sábanas tibias, nosotros temblábamos de frío.

La lealtad está esperando a que la pongamos a prueba, pero se refugia en las distancias y los miedos que nacieron de nuestras derrotas.

La poesía insípida tiene los versos contados… todos los Haikus me saben a tus primaveras y la métrica no tiene cabida en tus labios.

El amor está inseguro, ya no depende de la puntería de un angelito celoso y bizco, sino del sigilo de una víbora y de la voluntad de una manzana que ansía ser mordida.

La muerte está temblando de miedo porque, cuando se encontraron nuestros besos, se dio cuenta de que la vida es menos segura, sin embargo, mucho más fuerte.

La eternidad nos espera con los brazos abiertos y nosotros… tenemos bocas para correr.