Fue imposible mantener los ventrículos intactos. Sabía que tanta agitación y las continuas descargas de adrenalina, acabarían rasgando la pared de mi motor.

No había latido que valiera, ni vena que aguantara la embestida del retroceso que sufrieron nuestros cuerpos cuando disparamos la última bala. No me hiciste daño, y sí más fuerte.

Fue imposible no volverse adicta a tu voz, a tu sonreir. A cada letra que imprimías en tu almohada y los sueños acomodaban en la mía… Volviendo seda el más puro algodón.

Fuiste la presa mejor emboscada por mi insurgencia, el rostro más buscado por mi punto de mira, la solución más calculada de todas mis evasiones. Para ti me decoré con mis mejores pinturas de guerra y tú… me trajiste la paz.

Inevitable beber pensamientos de forma copiosa, ligeramente adictiva y obsesivamente perdida en el fondo de tu botella.

Brindo por los muertos que resucitan en tu boca, por los vivos que se mueren por ti, por las flores que decoran las tumbas de tus amantes mercenarios. Canto victoria. Te bebo a ti.


Si hay una mujer a la que nunca sabré decir que no, esa es Anna (@9arodria ), mi “Musa Mater”. Me entiende entre líneas y me encuentra cuando estoy perdido sobre una hoja en blanco. Lo que habéis leído es el resultado de nuestro (re)encuentro.

P.D. Ya sois más de 1000 leyendo mis confesiones. Gracias a todos por estar ahí fuera… y tan dentro a la vez.

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