Si me hubiesen dicho que algún día escribiría un texto con Rocío (@txio.cruz) en el cual me cambian de sexo varias veces hasta obtener el resultado deseado y me rompen los dedos de un portazo a cambio de un caramelo… volvería a hacerlo.


—Ya veo que lo que un día bautizaste como lágrimas han sacado sus garras para aferrarse a la idea de que lo más probable es que no me vuelvas a encontrar, tras ese quicio de la puerta, esperando tu llegada a nuestro techo, enredado bajo las sábanas en la siesta de un domingo cualquiera, trayendo un par de cervezas para bebernos la vida, desafiando a la música mientras bailaban nuestras caderas, todo aquello que yo te hacía fácil cuando me asomaba al precipicio de tu boca y con un beso te decía: «Que se joda el mundo, que yo estoy aquí a tu lado y no pienso largarme.»

—Es que esa bestia llamada silencio ya me devoró. Los clavos del olvido no me atemorizan y la cruz de la culpa infunde temor por orgullo…, y no por la negación a la redención. Ya salté sobre la precaución que nos separa y aterrizé en la llanura de la cobardía, sin embargo, nadie supo explicarme lo que es sentir terror. He bailado descalza sobre las hojillas de tu burla, pero no me temblaron las rodillas. Me he roto los dedos intentando evitar el portazo de la despedida, no obstante, mi pulso sigue siendo firme. Te he visto desaparecer entre los brazos de otra, me desorienté (buscándote donde no se me había perdido nada).Ya no pienso derramar ni una sola lágrima más…
Mira, ahora sólo me queda tu herencia, aprendí que no sé si es peor un extraño o un caramelo, un día de tormenta o un día de sol que te ciegue, un sencillo regalo o un envoltorio de lujo, una limonada entera o la maldita media naranja, joder mucho menos o acabar bien jodida…
Estar sola y sin ti es una pesadilla. Todavía te busco en los rincones húmedos de mi encharcado pensamiento que está empezando a perder la idea de cómo flotar en tu recuerdo. Aun así, no me importa dormir sola sabiendo que estás al otro lado de la esperanza.
¿Pero sabes? A veces sucede que no sé dónde estás… y eso sí que da miedo.
Pero te diré algo… no me asustan tus fantasmas. Aunque joda y duela, sea como sea tanta lección aprendida te la debo a ti y eso es algo que jamás podrás embargarme. Yo te alquilé mi querer, no te hipotequé mi vida…
Y pienso volver a recuperar mis llaves.


P.D. En este texto nadie es quien aparenta ser y nada es lo que parece.