Hace demasiado calor. Necesito el escalofrío que me proporciona el fuego de tu abrazo.

Estoy tranquilo, sin embargo, dependo del suspense de tu beso con sabor a «susto esperanzador y sexo in extremis» que, escondido entre nuestros labios, me eriza los pelos de la nuca.

Debería mandarte mensajes predeterminados, pero estás muchísimo más guapa cuando improvisas una sonrisa.

El café a solas tendría que saberme a mierda pura pasada por agua, y no a los versos que emana tu boca cuando el aroma de tus flores se p(r)osa en mi paladar.

Te echo de menos. Si mis manos hablasen, te contarían mil cuentos antes de dormir; escritos en un idioma que, teniéndolo todos común, solo tú entenderías.

Hay una lágrima suicida de despedida despeñándose por mi mejilla… No sabe que será la presa de la sonrisa provocada por tu recuerdo.