Si nuestras miradas no hicieran tanto ruido, podríamos cerrar los ojos y decir que nos queremos en silencio.

Si nuestras bocas no se miraran con tanto descaro, seríamos capaces de asegurar que un beso vale más que mil palabras, sin embargo, un beso sabe a poco y… no tengo tanto vocabulario.

Si nuestros cuerpos no rimaran tan bien el uno con el otro, no tendríamos que estar conjugando distancias con verbos irregulares y pasados imperfectos, pero solo cuando estamos en contacto sobran los nexos.

Si lo que nos queda por vivir no fuera una persecución donde la felicidad nos tiene ventaja y el olvido nos pisa los talones, podríamos coger aliento para seguir corriendo en tiempos más alejados.

Pero somos muy lentos separados.

Así que… dame la mano.