Se perdió buscando algo más justo.

Pero la sentencia de tu vacío… le quedaba muy grande.


“Matándome de sueño en el pasar de mis estribos una noche de Abril, encuentro a tu rostro culpable de mi ausencia, de la mentira que envuelve mi conciencia, en la noche que traté de obligarme a huir de algo que no fueses tú. Pero este morir del mío no arrastra a un niño de tu cordura, como un  bastardo sin casa arropado en la marea que va y viene y va pero que nunca ha sabido marcharse. Y que hoy paseé cual fantasma por aquel lugar latente en las estelas de mi pasado, en el tranvía de mis memorias donde aún ahí solías amarme, en el que temblando y aquejumbrada lo hice más y quién sabe hasta qué punto es, perdón, fue verdad. Hoy estás entre mis confesiones, dolor mío, tinta indeleble, metal caliente y vaporino que me acaricia, que me asfixia y me dejará morir sin saber si viví…

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