Feliz luna de miel…

Paula De Grei

Me dio miedo abrir la caja desde el momento en que llegó a mis manos. Era delicada como el cristal más fino y preciosa como cualquier flor primaveral. En el momento preciso en el que vi el remitente resurgieron mis miedos más escondidos, esos que ni siquiera la gente que mejor te conoce sabe que existen.

Voy a la habitación y la dejo sobre la cama mientras paseo nerviosamente por la alfombra persa que mulle el creciente repiqueteo del temblor de mis pies.

Miro a mí alrededor y recuerdo, con frialdad, el momento en el que llegué a esta casa. Nunca pensé que dormiría en una cama tan cómoda o que podría darme baños con sales en mi propia estancia. Nunca pensé que pudiera comprar nada que no fuera una barra de pan. Quizá por eso tuve que alegar una pérdida de memoria, la misma memoria que ahora me estaba…

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