El segundo me mandó a la guerra. Y volví con más heridas por dentro que por fuera…

 El soldado de la Ciudad Blanca

Es medio día, percibo el susurro escalofriante del miedo que se pega detrás de la nuca, hace ya 6 años que no me abandona, es mi compañero inevitable . Camino un poco más y pasos cortos me enfrentan a una obscena causa –consecuencia que persiste en hacerse presente para recordar al transeúnte de estas tierras que vive dentro de una historia desgarradora. No hay cantos de pájaros, los cantos que se escuchan son los de los misiles, me he acostumbrado a su sonido intranquilizante.

Sé cuándo representan peligro, hoy me han dado tregua.

He llegado al parque en el que jugaba a la pelota cuando niño, observo el columpio vacío, el guin -guirin -gongo ya no sube y baja con la canción de Juan, que las niñas después de la escuela entonaban terminando en un largo tra la la la la.

Parado de frente…

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