Si con nuestra inteligencia paliáramos el hambre en vez de fabricar naves no tripuladas, tendríamos más pan y menos huérfanos con las barrigas hinchadas.

Si viéramos la televisión intentando aprender idiomas, viviríamos en un mundo sin fronteras y lleno de políglotas, sin embargo, nos centramos más en la distracción que ofrecen los muros erigidos por idiotas.

Si se talaran los árboles tan solo para imprimir libros, aún nos sobraría aire con el que recitar lo que escribimos, pero nos arrancamos el pulmón y decoramos con madera exclusiva las jaulas de hormigón en las que vivimos.

Si los bancos no fabricasen dinero digital con el fin de endeudar a los pobres cada vez más, los privilegiados no podrían irse a un paraíso fiscal con los billetes de verdad.

Si solo matásemos animales para podernos alimentar, podríamos decir que somos una especie inteligente, pero los matamos por vicio y después… nos retratamos sonrientes.

Si supiésemos que los profetas que nos prometen el paraíso son los mismos que nos llevan a la guerra, no mataríamos buscando la paz, ni moriríamos en nombre de ningún dios.


Fotografía: Sebastián Colmena Trujillo