Vivían en polos opuestos, pero se atraían de tal manera que, la misma distancia que los separaba, era la que los mantenía unidos.

Sabían enemistarse. Así que todo el rencor que acumulaban, lo soltaban con el primer orgasmo que se regalaban.

Se querían tanto… Todos los pasos que daban para alejarse, no eran más que una cuenta atrás para volver a verse.

Nunca se daban la razón, porque su pasatiempo favorito era arrebatarse la cordura.

Siempre dejaban algún asunto pendiente, porque teniendo las cuentas abiertas, los quéhaceres… se transformaban en deberes hechos.

Se prometieron odio hasta que la muerte los separase.

Pero la vida… no entendía de promesas.