No me perdiste. Me escapé de tu boca. Como los insultos con los que me provocas.

No te fui infiel. Fui a que me recordaran que hay muchas cosas que sé hacer bien.

No has dejado de ser mi “todo”. He aprendido a compartir lo que me falta cuando te sobro.

Mi respiración alterada sigue siendo tu discípulo, sin embargo mis latidos están cansados de que nos dejes en ridículo.

Tu espíritu siempre mecerá mi alma, pero mi piel emprendió la fuga para refugiarse de tus armas.

Nuestros cuerpos aún son los cielos donde nos perdonamos la barbarie, no obstante combatimos en tierra de otro nadie.


 20blogs-120515