No se hizo astronauta porque las estrellas le dijeron que para alcanzarlas… bastaba con cerrar los ojos.
No se convirtió en futbolista porque en fuera de juego… es donde mejor se lo pasaba.
No dejaron que fuera detective privado porque, siendo un niño, le quemaron los dedos con el dinero que había robado.

Quiso brillar como una estrella de Rock, pero el único fan que tenía… no se sabía sus canciones.
Quiso pilotar un helicóptero, sin embargo a la hora de calcular una curva y su área encerrada… siempre se estrellaba.
Quiso ser el rey de la baraja. Y la corona le trajo de todo… menos poder y fortuna.

Se puso a caminar, ya que corriendo todos lo adelantaban.
Se propuso odiar con todo lo que tenía, pero su otra mitad… se enamoró de la nada.
Se quedó con las manos vacías, porque de todo lo que perdía… muy poco recuperaba.

Perdedor de sonrisa cicatrizada.

A la hora de derrotarse a sí mismo… nadie lo ganaba.


Imagen extraída de “Confesiones de un bastardo”, página 105

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