Te imagino desnuda conmigo, y eso me hace perder la ropa para quedarme a solas con el anhelo.

Me mimo la piel como si fuera tu boca la que me enseña el firmamento, porque colgado de tus labios llegué a ver el cielo.

Cierro los ojos en tu honor. Así destrozo la distancia con un pestañeo indecente y lleno contigo mis abismos más oscuros, inundando mis pupilas con tu luz.

Flagelo las sábanas con los latigazos de tu ausencia, mientras te hago el amor entre líneas, cuando me estoy queriendo en carne viva.

Me encierro en mi guarida vacía, la decoro con todos tus colores mientras huyo del desapego, para que mis ojos se queden en blanco y combinen con tu todo.

Mancho la inocencia del silencio implorando tu aparición y presencia, porque cuando te nombro, pierdo el control y me corro haciendo mucho ruido.

Decirte que te quiero mientras hago todo eso, no es absurdo.

Porque me hago tu amor; no me masturbo.


Imagen destacada extraída de: Confesiones de un bastardo, pág. 31

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