Rezarle a tu cuerpo desnudo… porque eres mi templo.

Transformar tu ausencia en caricias… porque sé que existes y eres es mi credo.

Recordar tus ruidos ebrios de amor… porque olvidarlos me convertiría en ateo.

Escribirte poemas como si de la Biblia se tratara… porque los diablos también escriben Evangelios.

Pintarte una sonrisa en ese cielo que llamas boca a diario… porque en ese infierno que llamo distancia, las lágrimas no nos absuelven de los pecados.

Crucificar a los que te menosprecian con sus blasfemias… porque defenderte es una guerra santa.

Abandonar los paraísos donde no brotan tus flores… porque son tus pétalos los que hacen el Edén.

Alimentarme de tu cuerpo como si fueras la última cena… porque de no hacerlo sería el traidor.

Confesar tres veces antes de que cante el gallo que te quiero… porque prefiero vivir la tortura antes que morir negándote.

Saberme inocente en el banquillo de los acusados en el Juicio Final… porque la condena hubiese sido no caer en tus brazos.

Resucitar en el bautismo de tu orgasmo… porque cuando te corres, te conviertes en diosa.

Vivir para perpetuar tu existencia… porque desde que nos hicimos pecadores, la religión es otra cosa.