No me siento bien, ni me siento bonito.

Me encuentro fuera de lugar y hecho pedazitos.

No veo más allá de las estrellas, ni alcanzo su reflejo.

Miro el horizonte y me riega con desprecio.

No sé cómo se hace el amor, ni cómo se estrechan sus lazos.

Se me olvida recordar, congelo el calor de sus abrazos.

No tengo dónde caerme muerto, ni con quién reírme de lo puta que es la vida.

Sin embargo me caigo, y me curo con saliva.

No me compadezco de mi mismo, ni me doy pena.

Me condeno a la soledad y a la cacofonía de su berbena.

No recupero los sueños que tengo cuando duermo, ni me despierto con ganas de superar mis indiferencias.

Finalizo mis insomnios con latas de cerveza, escribo incoherencias.

No sé coser puntos en heridas abiertas, ni hacerle un torniquete a un alma desangrante.

Aprendí a tapar las venas con melodías.

Y la verdad es que… silbo bastante.