No puedo vivir la vida para ganarme un sitio en el cielo, porque cuando quisiste entrar, te partieron la cara de un portazo.

No puedo soñarte como hacen los mortales, porque abrir los ojos es una tortura; y despertar sin ti… cadena perpetua.

No puedo jugármela por ti, porque encontrarte, no fue cuestión de suerte.

No puedo regalarle mi alma a nadie, porque tiene el valor que tú le das.

Y eso, lo saben todos.