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Salí corriendo a toda pastilla del prostíbulo huyendo del proxeneta porque el muy gorila no tenía el aspecto de querer entender mi pequeño problemilla con la odaxelagnia… Tres zancadas y resbalé con una montaña de mierda que hizo que durante un segundo viera las puntas de mis zapatos decoradas con heces alineadas con el horizonte antes de que la gravedad devolviera las cosas a su sitio:

Mi careto zaíno lamiendo asfalto, y las puntas de acero de las botas del gorila asegurándome una senectud en una silla de ruedas.

Nunca tener un secreto me salió tan caro.

 

 

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