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El sueño: ”Hola, ¿cómo estás? (Dime que me echas menos, que no puedes dejar de soñar conmigo, que me sigues viendo con tus buenos ojos, que todavía invado el rincón más cohibido de tu piel cuando estás solo… Dime que quieres volver a echarme de menos con mi visto bueno, que quieres volver a escribirme poemas preciosos que hablan de nuestros encuentros, que el café te envenena si no lo tomas conmigo… Dime que todo lo que quieres lo tienes cuando te tocan mis manos, que todo lo que necesitas lo obtienes mirándome a los ojos, que la eternidad te sabe a poco estando conmigo… Dime que me sonreirás cuando me veas quedar mal, que no desaparecerás cada vez que te nombran otros labios, que te quedarás conmigo aunque no sepas dónde me encuentro… Dime que no hemos perdido nada y que todo lo que nos queda por vivir equivale al tiempo que nos quisimos sin querernos.)”

El soñador: “Bien, gracias (Tengo insomnio porque no duermo contigo, creo que apesto porque mis sábanas no huelen como tú, no puedo mirar a otras porque cuando lo hago siento que te estoy siendo infiel… Oigo tu voz y se me ponen los pelos de punta, te veo caminar y mis ojos se descarrilan siguiendo tu rastro, digo tu nombre y me ahogo en deseo… Te miro a escondidas y termino tan desorientado que sólo tú podrías encontrarme, no le hablo a nadie de ti porque para alguien como tú no existe ningún oráculo divino al que pedirle consejo, me marchito en las bocas de otras porque no muerdo la tuya… Beso tu nuca con mis ojos cada vez que partes en silencio y maldigo el aire que nos separa porque creo que es lo único que no tenemos en común.)”

¿Sabrán quererse?

Porque se quieren;

Pero el mundo está en su contra.

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