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Los carteros vienen con las manos vacías. Y las golondrinas también saben llevar mensajes.

“Si tenemos que ponerle nombre, llamémosle X. Me gusta así. Es letra y no sabemos cuál. Es número y será el que queramos. Así con nombre, pero indefinida. Porque así soy yo, con el PERO por montera, el POR QUÉ como escudo, y las contradicciones como arma. Así, sin más, pero tampoco menos. No hay que entenderlo, sólo aceptarlo, como la X. De ahí que sea mi predilecta. Sólo ella sabe cuál es mi verdadero nombre.

Y por eso me ha llamado Y.

Me oculta en la incógnita, sabotea mis resultados, me da el valor que cree que merezco en cada ocasión.

Jugamos el mismo juego.

Destripamos la misma ecuación.”

Ysis

 

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