PENSANDO EN LA OSCURIDAD

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Las últimas dos gotas de vino resbalan por mi cuello, que no por mi garganta, como el resto de sus hermanas. Les concedo la libertad. Les permito que me acompañen hasta la cama y que manchen las sábanas blancas, esperando así amortiguar la soledad.
Apago la luz y la habitación comienza a girar, o gira mi cabeza, o gira el mundo, mientras me quedo quieta y el resto disfruta del tiovivo. Tía muerta, susurro y me río, aunque debería llorar, pero no me quedan ganas, y la almohada todavía está mojada del ayer.
Como ayer, como de costumbre, no logro conciliar el sueño. Antes de que la rabia se apodere de mí, salgo del mundo de las sombras y busco consuelo, no en otra botella, ni en más drogas o medicamentos, si no en el libro de poemas que me aguarda en la mesilla, cogiendo polvo, porque no quería que…

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