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Pesan las expectativas, las derrotas (que son abundantes), las victorias (que son pocas), y la probabilidad de que no puedo cumplir las ilusiones de cincuenta compañeros sin fallar a mis amigos…

Y sin fallarme a mi mismo.

Pesan las miradas esperanzadoras, los mensajes de noticias negativas, la desventaja frente a las instituciones y sus contactos, y pesa la sensación de no haber hecho lo suficiente…

Pesa el hecho de no tener poder… Cuando todos te llaman “Presidente”.

Pesan los artículos injustos, las comisiones arbitrales que votan en contra del desfavorecido y pesan los nombres de los afectados y de los desaparecidos…

Pesa la voluntad de los que han podido… Y no han querido.

Pesan las palabras de los poderosos, el vacío de sus palabras, la buena voluntad fingida, sus ases en la manga, el hecho de que se opongan a que todos tengamos mejor vida…

Pesa pelear arrinconado… En callejones sin salida.

Pero me sostiene el espíritu de lucha, la escarcha de mi cerveza, las ganas de seguir peleando y el aliento de mis compañeros…

No me hacen la cama, pero son sinceros.

Me sostiene lo que más me atormenta…

Me sostiene la lucha.

Y seguiré luchando;

Aunque las victorias sean pocas…

Y las derrotas sean muchas.