Ya he visto las imágenes y los vídeos. Ya he leído a periodistas, escritores y poetas. Ya he oído al Daesh diciendo que esto sólo acaba de empezar y también he oído los discursos de los gobernantes anunciando un “Ojo por ojo” para satisfacer a un pueblo sediento de sangre…
Repartiendo amor no siempre te lo devuelven, pero os puedo asegurar que el odio siempre incita al odio.
Si pensamos que matando a todos los terroristas se soluciona el problema estamos muy equivocados. Ahora bombardearemos de nuevo (y otra vez)… Ahora mataremos a los terroristas en sus casas y de paso a sus tres hermanos (da igual que por cada hermano inocente que muere surgen tres de sus primos dispuestos a inmolarse por venganza. Pero eso… mejor lo ignoramos ¿cierto?).
Matando terroristas no se va acabar el terrorismo, igual que no se acaba el narcotráfico encarcelando a los Narcos, porque es una cuestión de demanda y no de oferta.
Bombardear e invadir es una solución para hoy, pero será un problema el día mañana. Nuestros representantes electos deciden por nosotros, y nosotros moriremos por ellos… Lo siento, pero no me salen las cuentas.
La solución es de largo plazo, y se llama educación.
Educación.
Educación.
Educación.
Esto no se solucionará ni hoy ni mañana, ni tirando bombas “Inteligentes” en las ciudades arrasadas de Siria e Irak, ni levantando vallas para convertirnos en una Cárcel Económica Europea con fronteras.
Esto se tiene que solucionar en las aulas de los colegios.
Esto lo solucionarán nuestros hijos…

Y los suyos.

Enseñemosles a querer, porque si les enseñamos a odiar les dejaremos un legado de sangre y metralla.
Enseñemosles el amor…
Porque la factura del odio no tienen por qué pagarla nuestros hijos…

Ni los suyos.

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