Su tacto se posa en mi piel como el sol del atardecer…

No quema, pero me da calor, no me deja ciego, pero tampoco deja ver.

Su mirada me quema en la nuca como si sus pupilas fueran lanzallamas…

No me ha visto en otros brazos, pero parece que ha oído el ruido de las otras camas.

Su caminar es un amanecer…

Y cuando se aleja me cuelgo del horizonte,…

Para verla desaparecer.