Oírla reír es como tirarse en paracaídas. Su rostro se convierte en un paisaje hermoso y su voz… Se te acerca a toda velocidad.
No puedes quedarte mirándola, tienes que tirar de la cuerda a tiempo, porque si no…

Habrás caído.

Y no sabrás si te has muerto…

O si estás vivo.

Hablar con ella es encarar el sendero de lo prohibido. Su mirada se transforma en un secreto y sus manos… No te tocan, pero te hipnotizan.
No puedes oírla sin desear atravesar su barrera del sonido, tienes que caer rendido, porque si no…

Igualmente habrás perdido.

Y preferirás estar muerto…

Aunque sigas vivo.

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