Me voy, que tengo prisa…

No puedo verte, no puedo mirarte… No puedo caminar contigo si no puedo tocarte.

Me voy, que tengo prisa…

Que me cierran el bar, que se me escapa la guagua… Que acabo de llegar.

Me voy, que tengo prisa…

No resisto tu mirada sin rencor, tu sonrisa al volver a verme… No resisto el recuerdo de querer quererte.

Me voy, que tengo prisa…

Que me arrebatas el orgullo, que me caigo, que me haces volver… Que yo… Era tuyo.

Me voy, que tengo prisa…

No resisto pensar que contigo estoy mejor, no resisto la presencia de tu piel y… No resisto tu olor.

Él se fue con prisas, pero sin correr.

Ella susurró un “Quédate” en contra de la dirección del viento.

Él y la palabra de ella dieron la vuelta al mundo en direcciones opuestas…

Él viajó pendiente del viento.

Ella durmió tranquila…

Durmió sabiendo que su palabra le alcanzaría a tiempo.