Pienso que tengo el control sobre mis pensamientos, sobre mi voluntad, sobre mi imaginación, sobre mi inspiración…

Pienso…

Que mando yo.

Pero la verdad es que la inspiración no es más que un ejército amotinado, una guerrilla en el subconsciente…

Una revolución contra las realidades que atrofian mi mente.

No lucha por terrenos… Ni fronteras… Ni lugares.

Y no entiende de treguas, ni de rendiciones condicionales.

En la guerra que libramos…

La rendición de la piel…

Es la única paz que nos parece aceptable.