Le dije que hasta que nos volveríamos a ver se desatarían infiernos.

Y así fue…

Se abrió la caja de Pandora, se nombró lo prohibido, rodaron cabezas, se gritó lo cohibido.

Mayo ardió…

Y las cenizas sin soplar se han perdido.

Pero el fuego no cesa, sigue ardiendo, sigue estando vivo.

El verano llama a las puertas con los ojos vendados, sin saber que su calor es una simple brisa…

Sin saber que es tierra quemada todo lo que pisa.

La primavera se despide con los pies ensangrentados, pero los brazos bien abiertos…

Con la piel en carne viva y los sentidos bien despiertos.

El verano llega sin saber que el cielo ardió como el día en el que crucificaron a Cristo.

Llega el verano y seguimos en el infierno.

Llega el verano…

Y todavía no nos hemos visto.