Saber que su mirada se posa en mi tiene el mismo efecto que una buena dosis de hachís…

Me vuelve introvertido, pero me alegra, me hace sonreír, pero me envenena.

Haber conocido su tacto me ha dado la peor de las resacas, pero tocarla fue la mejor de mis borracheras.

Escribirle poesías es el favorito de todos los dilemas que la vida me ha presentado.

Y yo le escribo estando sobrio, y estando embriagado…

A veces recibe rosas.

Y otras…

Pedradas con un corazón pintado.

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